
La primera ecografía en el hospital nos hizo replantearnos muchas cosas sobre el embarazo y el parto. El médico que nos recibió nos “despachó” pronto, parecía tener prisa: éramos un número más en su larga lista ese día. Además, se resistía a brindarnos información:
“¿En qué consisten las pruebas que me van a hacer?” Le pregunté.
“Eso ya lo tendríais que saber antes de venir, ahora no es momento de explicarlo”, contestó.
Y así una tras otra, el respeto y la amabilidad brillaban por su ausencia. Al salir, fue tanta la impotencia y frustración que sentimos, que hicimos dos cosas: poner una reclamación, por si servía para algo, y averiguar si había posibilidad de conocer al profesional que asistiría nuestro parto.
Nos dijeron que eso no era posible, que iba a depender de quien estuviera de guardia ese día. Por nuestra parte, no estábamos dispuestos a dejar en manos del destino ni de la suerte el nacimiento de nuestro hijo. Queríamos estar seguros y tranquilos de que ese día único y especial íbamos a estar muy bien acompañados, por profesionales que nos brindaran tranquilidad y seguridad durante todo el proceso. Este fue uno de los motivos por los que decidimos dar a luz en casa.
Otra cuestión que nos inquietaba bastante era si en el hospital iban a respetar mis tiempos y los de René, permitiendo que mientras los dos estuviéramos bien, el nacimiento se diera natural y espontáneo, sin intervenciones, y que él decidiera cuando nacer, no los médicos de acuerdo a un protocolo establecido.
Así que cuando se acercaba la fecha, fuimos al hospital para conocer las instalaciones y preparar el “plan B” al parto en casa. Me gustó mucho el trato amable y el lugar, pero le pregunté:
“Soy primeriza. ¿Qué pasa si tardo más de lo que consideráis normal? Te aplicamos oxitocina para acelerar el proceso” me explicó.
A estas alturas ya teníamos conocimientos suficiente sobre qué es y cómo actúa la oxitocina sintética en el cuerpo y sabía que no iba a necesitarla, confiaba en mi naturaleza para dar a luz de forma natural y estaba dispuesta a transitar la experiencia, aunque intuía que no iba a ser fácil….
El miedo y la inseguridad que sentíamos se fueron diluyendo con el paso del tiempo, en la medida que íbamos recopilando información, escuchando otras experiencias y encontrando respuestas coherentes a todas y cada una de nuestras dudas. En Alicia Fontanillo y el equipo de profesionales que la acompañaba, encontramos la confianza, contención emocional y cercanía que estábamos necesitando.
Por fin llegó el día tan esperado, el 9 de abril de 2015. Fue en la semana 41 cuando René decidió venir con nosotros, nació en casa, en la intimidad de nuestro hogar y muy bien acompañado por un excelente equipo de mujeres, formado por Alicia, ginecóloga; Elena, matrona y Ester, psicopedagoga. Recibimos a nuestro primer hijo con mucho amor. Fue la experiencia de más alta vibración de nuestra vida, resultó mejor de lo que habíamos soñado.





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