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Casa vs hospital ¿Cuál es el lugar más seguro para dar a luz?

Entrevista a Alicia Fontanillo, ginecóloga y médico obstetra durante 30 años, ya jubilada.

Desde siempre, y hasta hace apenas sesenta años que llegaron los hospitales, las mujeres en España parían en casa porque no tenían otra opción. Hoy en día, lo primero que se nos viene a la mente cuando escuchamos que una pareja va  a dar a luz en su hogar es: ¿ Y sí surge algún problema o riesgo qué pasa?

Alicia Fontanillo , ginecóloga y médico obstetra jubilada, ha acompañado durante más de treinta años a  mujeres y sus parejas durante el parto en casa. Ella es madre de cinco hijos y a su experiencia personal se suma su larga trayectoria profesional como partera. En esta entrevista nos explica en qué consiste un parto en casa, cuál es el mejor lugar para dar a luz así como el rol que cumple el padre en la actualidad, entre otras cuestiones relevantes sobre el nacimiento natural y humanizado.

¿ Desde cuando asistes a partos en casa? ¿Qué te motivó a dedicarte profesionalmente  a esta labor? 

Mi primer parto en casa fue el nacimiento de mi tercer hijo en 1989, acompañada por dos matronas y compañeras de mi confianza que aceptaron hacerlo. Mi pareja lo había soñado y yo me sentía muy segura de mi capacidad de parir después de los partos anteriores aunque fueron en el hospital.

Unos meses después una pareja de amigos me pidió que los acompañase  en el parto y poco después fue una de mis cuñadas. En aquella época yo me relacionaba mucho con ” gente alternativa”, que buscaba otras opciones vitales y entre estos circuitos fueron apareciendo las familias que me pedían que estuviese en sus partos por si acaso, porque su objetivo era parir espontáneamente sin manipulaciones.

Así acompañando a estas amigas, descubrí que los partos se podían vivir de una manera muy diferente a como lo hacíamos dentro de los hospitales. Yo ya me había dado cuenta de que mis “buenos partos” ( los dos primeros en el hospital) se debían en buena medida a que yo había elegido al equipo de ginecólogos de mi parto, y confiaba personalmente en ellos.

Después de unos 60 partos así, cuando ya había abierto mi propia consulta, fue una paciente la que me pidió que le acompañase en su casa a parir pues no quería volver a entrar en un hospital por una experiencia previa muy dolorosa. También fue una experiencia satisfactoria y enriquecedora y abrió la puerta a otras.

¿Por qué decidiste ser profesional independiente en lugar de trabajar en la Sanidad Pública o en un hospital?

Ya había trabajado en la Sanidad Pública al terminar mi formación como MIR en Ginecología y Obstetricia. Después de algunos contratos, formé parte del equipo que abría un nuevo Hospital Comarcal, en el que con toda la ilusión organizamos la manera de funcionar, poniendo limites para no tener que ver un paciente cada 10 minutos sino cada 30, luchando por conseguir ecografías para todos los embarazos,… Fue en 1987, con el ímpetu de la juventud.

Al cabo de 6 meses yo era un problema porque podía terminar de pasar consulta a las 4 de la tarde en lugar de a la 1, porque citaban pacientes cada 10 minutos pero yo seguía empleando 20 en atenderlos, aunque por otra parte era la única que había aceptado hacer ecografías en horario de tarde, fuera de mi jornada laboral, lo que también me indisponía con mis compañeros. Al final con una jornada laboral obligatoria de 52 horas (8h al día y guardias), mas tener que cubrir las guardias de los compañeros en las vacaciones (1 guardia cada 3 días) al mismo precio por hora trabajada que las limpiadoras, embarazada de 6 meses, decidí no renovar mi contrato y me fui a parir en casa.

Después no me atreví a abrir consulta  y encontré un clínica privada pequeña donde trabajar como ginecóloga. Empecé a controlar algún embarazo, pero a los jefes no les interesaba. Trataron de imponerme formas de funcionar desvalorizando el seguimiento personal  y de confianza con las pacientes,  así que de nuevo no renové contrato y me fui, ahora sí, a abrir mi propia consulta . No quería más jefes que me dijeran como trabajar. Mi consulta se consolidó, fui ganando en confianza respecto a las mujeres y los partos y conseguí atender partos en un hospital privado como profesional liberal independiente, sin condiciones.

NACER EN CASA ¿DE LOS VIEJOS TIEMPOS?

Si toda la vida, hasta hace apenas setenta años, la mujer ha dado a luz en su casa, ¿por qué en la actualidad es visto socialmente como una “locura” peligrosa o simplemente como algo anticuado, de los viejos tiempos?

En primer lugar,  nuestra memoria recuerda más lo que nos pone en peligro que lo que resulta placentero. Los profesionales de aquellos años recordaban todas las situaciones difíciles que habían vivido y querían evitarlas. Así que a todos les pareció  muy positivo que el sistema sanitario propusiese controles de embarazos y la prevención de los problemas de los partos llevándolos a los hospitales.

Después se ha producido un gran avance en el saber médico y en la tecnología para el diagnóstico, por un lado y, por otro, se ha generado un sistema sanitario de mucha envergadura al que se le exigen buenos resultados o se le demanda.

Para responder a esto, los médicos han generado protocolos estrictos de funcionamiento que tratan de garantizar el buen hacer, partiendo siempre de la premisa más negativa. El ginecólogo considera que cualquier embarazo y parto es una situación de riesgo hasta que el nacimiento del bebé demuestre lo contrario y esto es lo que transmite y transciende a la población.

En otros países como Inglaterra, Holanda, Alemania…. no se ha perdido la posibilidad del parto en casa en ningún momento, aunque se haya evolucionado en la prevención de problemas y en la calidad de la atención sanitaria.

¿Qué es un parto natural?

Hoy en día se emplea mucho el termino “parto natural” para referirse a aquellos partos que no terminan por cesárea, pero no es suficiente que un parto termine por vía vaginal para considerarlo natural. Para que esto suceda tendrá que ser un proceso espontáneo, previsto por nuestra fisiología,  y que propicie la salida del bebé sin intervención externa. En cuanto introducimos goteros, anestesias y tecnologías el resultado es un parto más o menos medicalizado.

Ahora mismo tenemos muy pocos partos espontáneos, porque hace años el sistema sanitario decidió que lo mejor era ” dirigir todos los partos”, acelerándolos para terminarlos cuanto antes, anestesiándolos para que fuesen tolerables y tratando de garantizar al máximo el resultado de una madre y un bebé sanos dentro de parámetros médicos.

¿Hay alguna diferencia entre los partos en casa de antes, cuando no había hospitales, y los de ahora?

Sí, hay diferencias muy significativas. No volveremos a parir como parían nuestras abuelas, porque hemos evolucionado en estos años socialmente y como especie.

Nuestras abuelas parían como podían con el apoyo de alguna matrona o alguna partera en el mejor de los casos. La ventaja era que los partos formaban parte de la vida cotidiana así como los recién nacidos en las casas familiares, y no se les tenía tanto miedo porque la mayoría de las mujeres parían varias veces, de forma de que aunque el primer parto fuese un tanto difícil había muchos partos más fáciles con los segundos, terceros….. Y la mayoría de las mujeres empezaban a parir muy jóvenes, con un cuerpo más flexible y más habituado al trabajo físico.

Hoy en día es diferente porque parimos en casa con muchos cuidados: el embarazo ha sido controlado descartando problemas, se ha garantizado el aporte de los nutrientes necesarios con la alimentación y los complementos, disponemos durante el parto de instrumentos que nos permiten controlar el bienestar materno y fetal, etc.

¿Cuál es el rol del padre durante el parto?

Desde luego el papel del padre ha evolucionado mucho y no sólo en los partos en casa. Hoy en día son muchos los hombres que tienen interés en estar más próximos a sus mujeres y sus hijos en la vida cotidiana. Desde el ámbito de la medicina se ha podido comprobar que el acompañamiento de una persona de confianza ayuda a la parturienta a vivir mejor los partos y a necesitar menos calmantes, como la analgesia epidural, durante el proceso. Por ello, se ha convertido casi en una obligación que los hombres estén presentes durante los partos, aunque no está muy claro qué pueden hacer: los defensores de los partos como mamíferos piensan que el hombre es un estorbo porque aporta sobre todo nerviosismo; y en la mayoría de nuestros hospitales se les admite con la condición de que no molesten, y se les adjudica un pequeño lugar para estar y mirar.

Nosotros, gracias al acompañamiento que hemos tenido en el tiempo, hemos podido descubrir que el hombre-padre puede ser el pilar fundamental para que la mujer que se está transformando en madre durante el parto pueda culminar su experiencia de la mejor manera posible.

Cuando ambos comprenden, desde lo físico y desde lo emocional lo que va a suceder en el parto, el hombre se convierte en el referente y la fuerza en el que la mujer se agarra cuando el miedo al dolor, a no ser capaz, aparece y la atenaza, y desde esta fuerza y esta confianza que el hombre le devuelve ella puede reencontrar su propia fuerza y confianza para seguir adelante y conseguir ayudar a su bebé a llegar a este mundo. Para que esto suceda, es necesario un ambiente de intimidad en el parto, que se puede dar tanto en una casa como en un hospital, con un personal y ambiente sensibilizado al respecto.

¿Cuál es el mejor lugar para parir, el más seguro?

La naturaleza nos ha enseñado que el mejor lugar para el parto sólo debe reunir una condición: debe ser un lugar seguro. El espacio tiene que garantizar la seguridad “fuera” de la mujer, disponiendo de los recursos necesarios para poder responder ante una posible situación de riesgo, y la seguridad “dentro”, asegurando para ella, su bebé y su pareja un espacio de intimidad, respeto y confianza, donde no se sienta observada, amenazada, invadida o infantilizada.

Esta seguridad “dentro” es imprescindible para el desarrollo natural de procesos tan cruciales como el inicio espontáneo del trabajo de parto, la evolución de las contracciones, el bienestar del bebé durante todo el proceso o la disminución del dolor. Cuando se interviene, los partos se complican y requieren del uso de fármacos, intervenciones médicas o actuaciones quirúrgicas que de otro modo posiblemente no serían necesarias.

Garantizar la salud física no puede ser excusa para obviar la salud emocional…¿Cuántas mujeres recuerdan con dolor, amargura, impotencia sus partos a pesar de haber tenido “hijos sanos”? ¿Cuántos niños han sido privados de la cálida acogida que la naturaleza ha previsto para ellos por cumplir protocolos médicos?

Este equilibrio entre la seguridad de “dentro” y “fuera” puede conseguirse en algunos hospitales y en un parto en casa debidamente acompañado.

¿Cómo es el acompañamiento de un parto en casa?

En primer lugar, sólo plantearemos la posibilidad de dar a luz en casa en el caso de una familia con un embarazo que esté evolucionando con normalidad y esté siendo adecuadamente controlado, es decir, en un embarazo y parto de bajo riesgo.

Cuando hacemos la visita a la casa y cerramos el compromiso de atención, porque ya estamos en tiempo de parto normal, siempre hablamos de cuál será el hospital al que nos desplazaremos en el caso de que el parto no evolucione dentro de la normalidad, y de cómo haremos ese desplazamiento teniendo en cuenta que no debemos estar a más de 30 o 45 minutos del hospital elegido.

Cuando el parto se inicia nos desplazamos a la casa con una serie de materiales e instrumentos que nos permiten controlar adecuadamente la evolución del parto. Si en cualquier momento detectamos el comienzo de cualquier posible problema por parte del bebé, o si esté está bien pero la dilatación no progresa adecuadamente y se bloquea, o no desciende el bebé, tomamos la decisión y nos desplazamos tranquilamente al hospital previamente elegido, y allí se continua con el proceso utilizando los medios necesarios.

¿Y qué hacéis en el caso de que se complique el proceso, si surge algún problema?

Sabemos que siempre se piensa en problemas muy graves, que ponen en peligro la vida de la madre y del bebé. Precisamente el control del embarazo nos permite prever la mayoría de esos problemas, e iniciar los partos de riesgo en los hospitales, y aquellos problemas imprevisibles y de alto riesgo son muy escasos, y su resultado va a depender de las circunstancias concretas de cada caso más que del hecho de estar fuera o dentro del hospital.

En mi larga experiencia con partos en casa durante 25 años, nunca he tenido una situación que requiriese de una ambulancia para el traslado, ni una situación de traslado con extrema urgencia

En las películas, en los medios de comunicación y socialmente se ha transmitido la idea de que el parto es algo terrible e insoportable por el dolor pero que la madre lo “olvida” todo tras el nacimiento del bebé. Por el miedo, muchas mujeres piden ayuda médica para aliviar el dolor. ¿Qué opinas sobre esto?

El parto se hace insufrible desde el miedo y la soledad, y es muy humano. Hoy tenemos mucho miedo a los partos, más que antes, porque socialmente nos hemos convencido con lo poco que sabemos de que son muy peligrosos. Hemos dejado que sean los profesionales los que decidan y resuelvan, y éstos con la mejor intención, han intentado que los partos sean controlados, rápidos y fáciles; mujeres separadas de sus familias, hacinadas en salas de dilatación, inmovilizadas para conseguir un buen control, primero con oxitocina y contracciones muy dolorosas, después con epidural.

La estadística demuestra que la mujer acompañada de alguien de su confianza tolera mejor el parto y solicita menos analgésicos. La mayor parte de los problemas que se producen en los partos se deben a la situación y a las medicaciones, y el sistema sanitario tiene herramientas para solucionarlos: anestesia epidural, ventosas, forceps, cesáreas, y más oxitocina para evitar los sangrados, así nos va.

¿Qué recomendarías a una mujer embarazada que siente ese miedo al dolor?

Le diría que el parto no es fácil, y sobre todo el primer parto. Supone un cambio enorme en la vida de cada persona, y va a doler. Pero el dolor del parto siempre viene acompañado de la herramienta natural que lo alivia: el dolor físico se alivia con las endorfinas, y el dolor emocional se alivia expresándolo a través del quejido, del llanto, de la palabra, del movimiento…siempre en intimidad y confianza. Puede confiar en sí misma porque está muy bien dotada de la naturaleza para parir y porque es la última de una larguísima sucesión de mujeres que fueron capaces de parir con éxito: madre, abuela, bisabuela…

El recuerdo de este momento vivido es diferente que el de cualquier otro de la vida y no se olvida; quizás después no se recuerda el dolor; si no lo que sentía (miedo, abandono, soledad, esfuerzo, apoyo, consuelo, superación). La percepción del tiempo se pierde y todo se mezcla con la sensación final que en los partos espontáneos suele ser muy intensa y satisfactoria.

¿Qué es para ti un parto humanizado?

El cuidado del parto teniendo en cuenta que los humanos tenemos emociones, y que son fundamentales durante el nacimiento y la vida, si empezamos a tenerlas en cuenta, respetarlas y permitir su expresión podremos entonces tener un parto humanizado.

NOTA IMPORTANTE: Esta entrevista fue publicada en la revista impresa El Crisol, en junio de 2015 (ya no se edita), tras la experiencia de parto en casa con Alicia Fontanillo que tuvieron los creadores de AmaresBio y que puedes leer aquí: Parto en casa de nuestro primer hijo, ¿por qué elegimos esta opción? 

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Bienve Morales

Creadora de AmaresBio y periodista especializada en agua de mar y salud desde hace 20 años.

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